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sábado, 21 de diciembre de 2013

El Regalo de Gunther



"Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente; 
mas remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto." 
Jorge Luis Borges



Se llamaba Gunther pero debió llamarse Oso o , Negro. Su abuela se dio cuenta y  le  acriolló el nombre: le decía Gunterio. Quién sabe cómo lo llaman ahora. Era obediente leal y agradecido porque ese fue su destino: el de hijo, nieto y bisnieto de militares(distinto es el caso de otros, criados o malcriados con el terror al autoritarismo y a las ordenes.Muy al pesar del linaje y la estirpe, le encantaba el merengue. Y se apoyaba en el alféizar de aquella ventana y ladraba con tanta fuerza a quienquiera que pasara. Alejo y otros le tuvieron miedo; él lo amó y protegió con la vida, aunque no lo supiéramos. Jamás hubiera permitido que lo lastimaran. Cometió el error-mas de una vez- de seguir sus instintos, y de tener tanta fuerza y tal tamaño. 
Ahora vive en el exilio ,con otros perros y otros dueños. ¿Qué será de nuestras vidas, viviéndolas lejos de Gunterio. 
     
                                                                                                                    E. Dickinson


*Texto presentado al II Certamen Literario El Secreter

jueves, 21 de noviembre de 2013

PSICOANÁLISIS

Fotografía tomada de: rferrari.wordpress.com
Veo a un hombre. Un hombre que… ¿sonríe?, sí, parece que sonríe. Y una inmensa playa de arena negra. Y el mar, un mar quieto, sin olas a pesar del viento, ese viento que vuelve a la gente loca. Espere, no, no hay ningún mar, es asfalto. Un mar asfaltado, sí, eso es. A los niños les da miedo, no quieren bañarse, prefieren jugar a ser niños, pero no lo son. Son viejos. Viejos jugando a ser niños. Un helado se derrite en sus manos y ríen, ríen sin razón, sin corazón. Muecas en sus rostros, muescas en su piel, y el rastro de arrugas y manchas que deja el tiempo a su paso. Y dios fumando apoyado en alféizar de la Luna cubre el cielo de nubes. ¿Qué cómo es? No lo sé. Solo sé que es dios. Y el hombre que sonríe echa de menos su pastelería. Y a su perro. Y el olor a merengue recién cocinado. Y el hedor de las sospechas. Y el amor.
El amor del que le hablaron y luego le robaron. ¿Por qué? se pregunta. Y pregunta a todos: al mar asfaltado, a la arena negra, a la Luna, al viento enloquecedor.
 Los niños nunca mienten. ¡Mentira! Y llora. Llora como ningún hombre antes había llorado. Y sus lágrimas caen como la lluvia, y también caen rayos y relámpagos. Todo comienza a inundarse. El mar de asfalto se llena de lágrimas saladas, las sirenas lo llaman con su voz dulce, pero espere un momento… ¡Las sirenas no existen! No son reales. Y tampoco ese mar asfaltado, ni la arena negra, ni el viento que enloquece a las personas, ni dios, ni el amor… ni el hombre que sonríe. Tan solo son garabatos… ¿verdad?

          
                                                                                          Diego Rinoski 
* Texto presentado al II Certamen Literario El Secreter 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Pánico

Fotografía tomada de vidaholandesa.blogspot.com
Las oía. Correteaban por el interior de las paredes y por debajo de las baldosas, volviéndolo loco con cada nuevo arañazo, claro y aterrador, provocando que el miedo y el pavor anegaran sus sentidos. A veces no eran más que un murmullo, pero las más, como ahora, eran un estruendo ensordecedor de cientos de pequeñas garras horadando y escarbando, buscándolo. Lo querían, lo deseaban y él lo sabía. Daba igual lo que hubieran dicho los seis profesionales de la desratización y desinsectación que habían acudido a su casa. ¿Qué estaba limpia? ¿Es que no las oían? ¿No notaban cómo vibraba el suelo cuando esos bichos pasaban por debajo?¡Malditos ineptos! Con todo su material de ciencia ficción y sus artefactos de otros mundos, eran incapaces de ver lo que para él era tan obvio. Por mucho menos él había perdido su trabajo, aunque él mismo solucionaría el problema de una vez por todas. Por supuesto.
Un nuevo rumor lo hizo temblar de pies a cabeza. Había sonado a su espalda, detrás del sofá en el que se guarecía. Miró tímidamente las paredes color merengue tostado, rogando para que todavía no pudieran salir. No aún, no estaba preparado. Aterrado advirtió que en un punto concreto de la pared, ésta se descascarillaba un tanto, soltando pequeñas volutas de yeso y pintura sobre el suelo de madera. ¡Ya llegaban! Pero no lo atraparían, no lo iba a permitir. Saltó del sofá y corrió a la cocina de donde tomó un cuchillo y las cerillas. Volvió al salón y arrimó el canapé contra la pared en la que había escuchado el ruido. Ahora el desconchado era más patente. Con una insana sonrisa prendió uno de los fósforos y lo arrojó sobre el tapizado del mueble.
—Moriréis todas. No me atrapareis, bichos inmundos. Nunca.
El fuego fue aumentando poco a poco, elevando la temperatura, la sensación de calor y la acumulación de gases tóxicos en el techo de la habitación. Riendo como un loco, avivó el fuego echando cualquier cosa que prendiera y ayudara a deshacerse de ellas. Cogió un cojín y cuando se disponía a arrojarlo sobre las llamas, un cosquilleo horrible le recorrió las puntas de los dedos que sujetaban el almohadón. Miró hacia allí y horrorizado vio un hocico peludo y asqueroso olisqueando el aire, aferrado a la tela, buscando su carne y su sangre.
Asqueado, arrojó el cojín al fuego con la rata aún en su interior. Entre el humo, observó como el agujero de la pared se había agrandado y por allí asomaban algunas pequeñas patas de afiladas garras. El terror se apoderó de él de forma enervante y no pudiendo dominarlo se dirigió a la ventana y la abrió. La potente y devastadora irrupción de aire renovado y cargado de rico oxigeno, entró en el salón provocando que el fuego renaciera y elevándolo a la categoría de incendio a todas luces. Ahora las ratas salían por decenas de la brecha en la pared, arrojándose al fuego y luego, incendiadas, lo buscaban a él, ansiosas y ávidas de sangre.
Movido por el pánico, se subió al alfeizar de la ventana y miró hacia atrás. Ya eran cientos de ellas las que le perseguían. No le atraparían. Riendo a carcajadas, saltó al vacío.

Cuando los bomberos lograron extinguir el fuego ya hacía tiempo que la ambulancia se había llevado el cuerpo inerte y muerto del suicida. El equipo médico poco pudo hacer por salvarle la vida y solo pudieron taparle el rostro con dignidad. Bajo las sábanas, un cuerpo peludo y pequeño luchaba por entrar en el cadáver. En el más allá, el alma del suicida gritó.
                                                                                                         Jarch 

* Texto presentado al II Certamen Literario El Secreter 

sábado, 2 de noviembre de 2013

El Color de la Vida

Fotografia  del  blog sentirmebien.com
– ¿Y de qué color es el cielo?
–Rojo –Le respondo yo.
Cada día, intentando seguir mis pasos, perdiéndome en mí; lo veo a él, ahí, sentado; sediento de respuestas para saciar sus preguntas.
– ¿De qué color es el agua? –Pregunta.
–Robert, el agua es dorada, un poco más dorada que el miedo.
– ¡Ahh…!
Robert Nació ciego, o bueno, eso es lo que le hicieron saber. ¿Y qué es ser ciego?
– ¿Cómo es el color morado?
– ¿Cómo crees qué es?  –Respondo.
–Un poco más brillante que el azul, pero un poco menos violeta que el merengue de la tía.
–Así es –Le dije, y él dibujó una gran sonrisa de satisfacción.
Aprendo a ver los detalles desde el alféizar de mis ojos como realmente son…, una ilusión. El Tiempo, mi enemigo El Tiempo; todo lo limitas, todo lo destruyes. Te quiero, te odio. Tiempo.
– ¿Qué cosas son moradas?
–Todos los animales y tu cabello –Le dije.
– ¡Ahh…! ¿Mi cabello es morado?
–Sí, un poquito más morado que el sol, casi igual que el amor –Respondo esbozando una risita.
– ¡Ahh…! Yo quiero que sea negro, negro como la luz.
Hora de seguir mi camino… ¿Cuál es mi camino? ¡Ahh sí! Mis píes. Parpadeo fuerte y vuelvo a la “realidad”.
–Adiós, Robert.
–Adiós, color.
Él sigue imaginando, viajando a ese lugar; su lugar. Allá nadie le hará daño, allá ve las cosas del color que realmente son.

                                                                                                 Perdedor soñador
* Texto presentado al II Certamen Literario El Secreter

jueves, 24 de octubre de 2013

Relato en tres escenas

MININO EN EL ALFÉIZAR

Se encontraba ahí, en el alféizar de la ventana, esperando la noche, observando los últimos rayos de sol que se alejan y al mismo tiempo lo arrullan; cierra los ojos, cabecea de vez en cuando, mientras la luz, gradualmente se extingue, se aleja.
El minino se lame las patas y después el rostro, bosteza, abre su feroz hocico y luego deja caer su cabeza sobre sus patas, se hace un ovillo, da un suspiro profundo y por fin se duerme. 
Ha pasado todo el día vagando.


PASTEL DE MERENGUE

Víctor disponía una mesa con arreglos románticos, lo típico: un par de velas, un florero con rosas rojas, una selección de carnes finas, crema de nuez, y de postre, un pastel de merengue, el favorito de Nancy.
Víctor había conocido a Nancy en una casa de citas; para él era su primera experiencia y tenía 23 años, ella apenas tenía 20 y 6 años en el negocio del sexo, había padecido 10 enfermedades de transmisión sexual y había utilizado pañales para bebé por capricho de un cliente. Era muy bella, a pesar de sus años, aún tenía una mirada inocente y voz infantil, su cuerpo era pequeño, delgado y bello.
Víctor había asistido a ese recinto por causa de sus amigos; querían divertirse, y para él, primerizo en el sexo, los encantos de Nancy lo enamoraron. La visitó a diario, pero no hacían más que conversar, y un día, la invitó a salir; ella le prometió que estaría allí, y Víctor dispuso todo para la ocasión. Por supuesto nunca llegó. La esperó hasta las 10:00 pm, momento en que las velas se consumieron, y la comida, entonces, estaba helada.


NOCHE

Las nubes habían ocultado la luna, y la noche era tan oscura que provocaba miedo. El interior de la casa había quedado completamente en penumbras, como el corazón de Nancy.
El gato maulló desde afuera, y Víctor fue a la ventana; allí estaba, despertando del largo sueño, estirándose, bostezando. Apenas estiró su mano, el gato se acercó a él, y lo acarició.
Víctor suspiró, fue un suspiro largo y doloroso; el gato maulló una vez más, como sintiendo empatía por su amigo, luego volvió a echarse sobre el alféizar, bajo el brazo de Víctor.
De pronto, una débil luz comenzó a iluminar el callejón; tanto Víctor como el gato levantaron el rostro, y descubrieron a la luna liberándose de las nubes, y a continuación la luz; la luz que iluminaba la noche.

                                                                                                                 Jorge Hassel

*Relato presentado al II Certamen Literario El Secreter 

sábado, 19 de octubre de 2013

Me parece casi mentira

Ahora me da miedo, que cada vez que te escribo, alguien observa desde la ventana mis palabras y las va entrelazando con su propia historia. Por eso, cuando me preguntaste el porqué colocaba cortinas oscuras, me quedé en silencio sin saber qué responder. Pensarás que estoy loco. La verdad es que estoy un poco loco, como cuando te dije que ese cuadro me miraba ¿recuerdas? O como cuando nos conocimos y te dije que había algo mal contigo, pero eso era perfecto para mí. Lo bueno, es que tú tampoco estás del todo cuerda y eso me encanta.
Me parece casi mentira que hayas decidido irte con él, pero siempre he creído que es mejor persona. Soy fácil de superar en todo sentido, porque ronco mucho, tengo los ojos muy grandes, mastico mal, tengo malos modales, cocino mal, se me corta el merengue,se me queman los huevos revueltos en la sartén, mi sentido del humor es cruel y no soy muy inteligente.
No quiero que me digas nada más, es que a pesar de todo, me parece mentira que hayas decidido irte con él. Te creo, lo conozco y es mejor persona, es atento y te corre la silla, te abre la puerta de la camioneta o te regala flores para que coloques en el alféizar de la ventana. Te sopla el té, te carga la VISA, te hace cariños en partes que te excitan rápidamente y yo... parece mentira, pero después de un año conociéndonos, no te conozco nada. La principal señal de no conocerte, es que todavía no puedo creer que hayas decidido irte con él.
Me gustaría decir que ahora que te digo estas palabras, soy una mejor persona y que cambié las cortinas o volví a colocar el cuadro que me mira. La verdad, es que sigo angustiado pensando que existe un algo detrás del ventanal y coloqué persianas tras las cortinas para impedir que me observase, pero no consigo imaginarme no tenerlo allí mirándome, robándote de mis recuerdos, de mis historias, de mis letras... Es que la tinta se desvanece entre los dedos y no son nada más que manchas.
Me aterra pensar que eres una mancha.
También me gustaría poder decir, que no me encantas, que todo está bien contigo y que no eres perfecta para mí, pero sigo pensando que no encajaré con otra loca, porque locas hay muchas, pero ninguna igual a tu locura, de esa compleja, de esa de cubos de Rubik.
Mira, es que quizás encuentre a otra loca igual o mejor, quizás ella también se siente a contemplar ese cuadro que nos mira y quizás ella también crea que hay algo tras la ventana que nos observa, pero aún así me parece casi mentira que hayas decidido irte con él y no quedarte conmigo.
                      
                                                                                                                   P. F. Barraza
*Texto presentado al II Certamen Literario El Secreter

lunes, 14 de octubre de 2013

La pasión de Ángela

Desde pequeña, Ángela supo que su pasión iba a ser el baile.
Apenas cuando levantaba un metro del suelo, desde el alféizar de la ventana de su casa cercana a la costa, en su San Francisco natal, contemplaba las playas del oeste de Estados Unidos. Y ensimismada, descubría un mar embravecido que jugaba con las olas.
La imaginación ponía el resto: retorcerse, contorsionarse, cimbrear tal cual las olas nacían lejos y morían en la orilla.
Olas, delfines, arena: criaturas que el mar hacía danzar.
Y Ángela creció. Y el baile iba brotando de dentro. Danza libre, baile transgresor que rompe moldes y conciencias.
Soñar despierta con teatros llenos de público aplaudiendo aquella creación.
Aplausos y abucheos. Su estilo maravillaba al tiempo que generaba animadversión.
Estilo distinto, grácil, singular, nada clásico, nada de ritmos que encorsetan el cuerpo y aturden el alma. Estilo que ensalza y pone en pie a clases populares e incomoda a los más pudientes.
Porque Ángela bailaba y creaba y así transformaba a la gente.

Rebelándose viajó por medio mundo: Europa, Latinoamérica, Estados Unidos. Y siempre sin miedo, sin importarle el qué dirán.
Madre soltera, defensora del amor sin tapujos y con descaro, con hombres o mujeres, con personas. “El matrimonio encarcela a la mujer y no le permite desarrollarse libremente”, decía
Y más críticas y más ovaciones.
"No te atreves", le espetó aquel estudiante bonaerense cuando en Argentina, en una farra anglo-lunfarda, entre copas y excesos, discutían si el himno nacional argentino se podía bailar. Ángela no dudó en hacer sonar el himno, se desnudó y con una bandera nacional como única prenda, danzó bajo aquellos acordes que nunca antes habían sido danzados. El escándalo llegó al punto de ocasionarle la expulsión del país y la ruptura del contrato que tenía firmado. Ella no entendía nada.
O como aquella otra vez en Cuba, en la última planta del Hotel Plaza de La Habana, famosa por sus veladas cargadas de salsa, merengue y ritmos afro-cubanos, donde maldijo las dictaduras, la de Machado y la de todos esos jefezuelos autoritarios y ególatras que gobernaban los países.
Militares que estaban presentes no dudaron en dictar orden de arresto a aquella extranjera irreverente que se atrevía a opinar sobre lo que no debía.
Éxito, fracaso, pasión, tormento.
Porque Ángela bailaba y creaba y así transformaba al mundo.

Cómo conocí al nieto de Ángela que me contó todo esto no cabe narrar en estas pocas líneas. Él me confió secretos y palabras de su abuela mientras paseábamos por el cementerio Pére-Lachaise de París donde ella está enterrada. Mientras observo su tumba, una mariposa revolotea alrededor y fija mi mirada, y no sé porqué extraña razón veo en su aleteo libre e inquieto el espíritu de Ángela.
Y en la tumba una simple inscripción, austera como su moradora: Ángela Isadora Duncan (1877-1927).
Partes de esta historia son verídicas y otras no tanto. Se deja al buen criterio del lector discernir unas y otras. Lo cierto es que hoy en nombre de Isadora Duncan mujeres de todo el mundo enarbolan banderas de libertad e independencia.
Porque Ángela bailaba y creaba y así transformó el futuro.

                                                                                       CALVERO

*2º Finalista del II Certamen Literario El Secreter 

jueves, 3 de octubre de 2013

Meta

Fotografia: Roodney
Me rodeaban. No importaba dónde fijase mi mirada estaban allí, mostrándome sus dentaduras, todas sorprendentemente iguales, como si fuesen una sola replicada en una galería infinita de espejos. Aunque el hormigueo que me subía vientre arriba me impulsaba a emprender una huída hacia adelante, las palabras de mi madre resonaban en mi cabeza: “Cuando huelen el miedo son despiadados”. Sí, tenía miedo, miedo a que la meta, tan al alcance de la mano, se desvaneciese en el aire en el último segundo, dejándome de nuevo a la merced de aquellos cadáveres blanqueados, algunos de los cuales tan bien había llegado a conocer. Así que en un ejercicio de autocontrol obligué a mis piernas a avanzar despacio, mucho más de lo que hubiera querido, pues era consciente de que una carrera alocada estaba fuera de lugar y podría desatar una reacción en cadena de la que luego no serviría de nada arrepentirse.
Habría dado cualquier cosa por un sorbo de agua: la lengua reseca parecía pegárseme al paladar y sentía la tirantez de los labios, como prestos a agrietarse en cualquier momento. En un intento de abstraerme de la sed que me torturaba me imaginé por un momento en la mansión, acodada en el alféizar de uno de los enormes ventanales, con un Tom Collins helado en la mano mientras contemplaba la puesta de sol sobre la bahía, y aquello tuvo la virtud de tranquilizarme un poco. Mi avance, aunque lento, se volvió más decidido, y fijé la vista al frente. Una vez que llegase al final de aquel pasillo estaría a salvo.
Él me miraba embobado, con la baba reseca acumulada en las comisuras, y me tendía la mano. Cuando sentí su frialdad entre la manicura perfecta de mis dedos, supe con certeza que todo había merecido la pena: las horas de quirófano, el dolor entre algodones manchados de sangre, el peregrinaje por cuerpos repulsivos y decrépitos hasta llegar al suyo, las vejaciones inconfesables pero tan bien pagadas, las arcadas tras una sesión de sexo en un hotel de siete estrellas. 
Hoy el traje de novia lucía su esplendor de carísimo merengue sobre mi cuerpo rigurosamente esculpido por los cirujanos, y el cura, en el altar, se disponía a unirme en sacrosanto matrimonio con el mayor emporio hotelero de todo el continente.
 Sí, quiero, claro que quiero, ¿cómo no iba a querer?
                                                                                                          Karthaginis

* 1ª Finalista del II Certamen Literario El Secreter

jueves, 26 de septiembre de 2013

Un gato entre basuras

Ilustración: Rebeca Dautremmer
Habían pasado las tres y se acercaba las cuatro. Detrás, el reloj no callaba. El péndulo doblado pero en perfecta conexión con el tiempo segundo a segundo balanceaba de lado a lado su lastimosa gallardía.
    La  oscuridad exterior intentaba apoderarse del cuarto de juguetes, donde ella con apenas doce años y caderas de mujer permanecía sentada de espaldas con las piernas dobladas delante de sí, en el alféizar de la ventana, mirando, no el cielo, sino la mancha oscura esparcida sobre el asfalto. Sola la mancha, sola ella, y un merengue que había traído su rey hacia unas horas yacía aplastado contra el lateral de la ventana, ya seco, pegado.
         Parpadeaba, olvidando sus largas pestañas mojadas, como si un abrasador sol de medio día que solo ella podía percibir aplastara su cabeza y camisón blanco, largo, como de princesa muerta de un cuento olvidado.
         No llegaba luz alguna a iluminar el embrujo del teatro en miniatura desdibujado, ajado, pasado de moda, como también lo eran aquellos minúsculos habitantes de cartón que lo formaban. Figuras no reconocibles en el ámbito familiar, menos el padre, calcado del rey. El que la tocaba donde no debía, desde hacía tres años,  mientras aparentaba jugar a príncipes y princesas obligados a procrear varios herederos para acabar con el dragón alado terror de los pequeños y amados súbditos. Hasta alimañas trajo del vertedero para llenar el foso que circundaba el teatro convertido en castillo para más verosimilitud con la historia y la necesidad de cumplir las leyes del reino.

         Pero aquella noche era diferente a las otras. La sangre manchó su braga de rojo intenso por primera vez y siguió su curso pierna abajo hasta dejar un hilillo encarnado en los calcetines de dormir. El rey, al entrar desnudo y sin corona, olió y chupó las bragas con avidez. Quería seguir más allá, donde ya había entrado otras veces, con su grueso lápiz de carne venosa, pero ella lo empujó con fuerza de dragón, no de princesa, y en el brutal ímpetu cayó en descenso mortal contra los ladrillos parduscos de la acera.

          Abrió su boca de  niña-mujer tan grande como pudo y, doblada por la cintura, desanudó los pies colgando hacia fuera, llamó al rey por su nombre de padre con un grito apagado que ni un gato callejero en su ir y venir entre basuras hubiera podido oír, un nombre repetido mil veces con amor y sin miedo antes de cumplir los nueves. Un nombre junto a una mancha oscura para olvidar desde ahora.

         El olor húmedo de un rocío tempranero empapó las copas de los árboles y el césped se llenó de caracoles en el jardín de enfrente.

  
                                                                                                     ASCALO
* 1º Premio del II Certamen Literario El Secreter

viernes, 20 de septiembre de 2013

II Certamen Literario El Secreter

Si, ya tenemos ganadores de nuestro II Certamen Literario El Secreter. Decirles que ha sido una experiencia maravillosa, ya que nos ha llegado 57 textos, de diferentes partes del mundo y eso, es de agradecer y  darnos cuenta, como la gente quiere y tiene necesidad de expresarse.
Durante el verano el jurado ha estado leyendo los relatos y , después de varias deliberaciones, se ha llegado al siguiente fallo:
1º Premio, dotado con un e-book, es para : Un Gato entre basuras de Ascalo. Es un texto duro, cruel, oscuro, muy bien escrito, que ha captado la sensibilidad del jurado.
2º Premio: Meta de Karthaginis , un relato sarcástico, con mucha imaginación que nos lleva a través de los pensamientos y prejuicios de una mujer que desemboca en una meta muy conocida para la mujer.
3º Premio: La pasión de Angela de Calvero, un relato que homenajea a una de las figuras artísticas de finales del siglo XIX y principio XX. Angela Isadora Duncán. Bello  y conmovedor, es un relato tranquilo y viajero.

Ha sido un II Certamen muy apasionado y versátil. Diferentes temas, maneras de ver la vida y lo que nos rodea,  con lo que felicitamos a todos los participantes y les animamos a seguir escribiendo, porque , como nos decía hace poco una compañera, "Hay mucho talento oculto". Hay que sacarlo.
Muchas gracias a todos por participar, por confiar en el criterio del jurado y dar a conocer al mundo todo ese arte oculto.

En las próximas semanas iremos colgando los relatos ganadores, así como los que se han quedado finalistas.
Un saludo a todos y seguimos creyendo.

El Secreter


miércoles, 31 de julio de 2013

II Certamen Literario El Secreter

Todo llega a su fin y el II Certamen Literario de El Secreter , hoy, cierra sus puertas. Hemos recibido mas de 50 relatos, que para este humilde programa, es un regalo. Mas de  50 historias que leeremos este mes de agosto y confiamos en acertar con el elegido.
¿Qué buscamos? Que nos conmueva, que nos deje sin respiración.
Genialidad, chispa, arte, humor o tristeza pero bien contado.
 El nivel está muy alto y debemos agradecerlo, por muchas razones. La principal: la gente crea. Escribe. Siente y plasma. Y por encima de todo: comparte. 
Gracias, gracias, gracias.
 Hoy miércoles a las 24:00 horas, hora canaria, quedará cerrada la recepción de relatos. Los que entren en el correo de El Secreter después de esa hora, estarán excluidos , oficialmente, del certamen.
Así que a darse prisa  y a disfrutar escribiendo.

Un saludo.

El Secreter

miércoles, 17 de abril de 2013

II Certamen Literario El Secreter

Ha pasado un año, casi nada , desde que nos lanzamos a nuestro primer concurso literario.En este año han pasado muchas cosas, gente nueva, nuevos creadores, nuevas ideas, nuevos mundos intelectuales. El Secreter, en su afán por darles a conocer lo que se mueve dentro y fuera de Gran Canaria, ha hecho de los micrófonos de Radio Aguimes una plataforma excepcional para que el resto del mundo conozca la cultura y el arte que nos rodea , día a día. Aprovechando esta plataforma, hemos querido convocar nuestro II Certamen Literario EL Secreter. Contentos con el resultado del primero, queremos incitares, provocarles, invitarles a que vuelvan a dejarse seducir por la creatividad de una pantalla en blanco, de un folio desierto. Queremos que se dejen llevar por los vaivenes de un bolígrafo, por los suspiros de las palabras, por los márgenes de las ideas. Queremos que participen, que nos acompañen en el viaje maravilloso de crear , de escribir, de fantasear. ¿Aceptan? 
                                           
                            II  Certamen Literario para aficionados El Secreter.

                                                    BASES

1) En este primer certamen, podrán participar todos los aficionados/as al maravilloso mundo de la creatividad literaria, no profesionales , mayores de 18 años, de cualquier nacionalidad. 

2) La temática de los relatos  es libre. La única condición es que, a lo largo del relato ,deben incluirse estas tres palabras: Miedo, Merengue y Alféizar. El orden en el que deben aparecer, lo elige el autor. Deben ser relatos inéditos, que no se hayan editados anteriormente. 

3) Los textos deben ser presentados en formato Word y con letra Times New Roman, tamaño 12. En cuanto a la extensión , éstos no deben sobrepasar las 50 lineas. Los textos deberán irán acompañados por un título y el seudónimo del autor.

4) Los textos deberán ser remitidos a esta dirección de correo: elsecreter@hotmail.es , adjuntando dos archivos. En un primer archivo irá el texto con el título y el seudónimo. En un segundo archivo se adjuntará los datos personales: Nombre y apellidos, dirección, correo electrónico y teléfono. Así como la autorización de cada autor/a, para que al finalizar el certamen, su texto pueda ser colgado de manera virtual en el blog del programa elsecretermueblecultural.blogspot.com y eximir al programa de cualquier responsabilidad que derive de los derechos de autor. En el asunto del correo debe constar lo siguiente: II Certamen Literario El Secreter

5)  La fecha limite para la recepción de originales es hasta el 31 de julio  de 2013 (inclusive). El fallo se dará a conocer durante el mes de septiembre.  

6) El premio consistirá en un bono para dos personas para el próximo Festival del Sur, Encuentro Teatral 3 Continentes que se celebrará en Agüimes el próximo mes de Octubre. El ganador/a  podrá asistir a todas las funciones de este histórico festival que convierte al  municipio de Agüimes en el centro del teatro que se hace en Europa, África y América.

6) El ganador se dará a conocer mediante la pagina de facebook del programa https://www.facebook.com/#!/, así como en el blog del mismo. 
7) La participación en este certamen supone la aceptación de las bases del mismo.

Así que ya no hay excusa, a escribir, secreteros/as!!!

Colabora:
              Concejalia de Cultura del M.I. Ayuntamiento de la Villa de Agüimes. 
 

Radio Agüimes Onda Libre 104.5